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Asteroides.

Un asteroide cualquiera del cinturón.


Cuerpos rocosos, metálicos o carbonáceos que orbitan alrededor del Sol pertenecen asimismo a la estructura del Sistema Solar. Son los asteroides, que en su mayoría se encuentran entre las órbitas de Marte y Júpiter, el denominado cinturón de asteroides.

Cómo fueron descubiertos? En cierta medida, gracias a la Ley de Titius-Bode que establece la existencia de una proporción matemática entre las distancias de cada planeta respecto del Sol. Dicho de otro modo, relaciona la distancia de un planeta al Sol con el número de orden del planeta mediante una regla simple. Matemáticamente se trata de una sucesión que facilita calcular la distancia de un planeta dado al Sol por su número de orden. La ley en sí dice que la distancia de las órbitas planetarias es = (n+4)/10, donde n es la progresión 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96... Ahora, y siguiendo las indicaciones de la fórmula, añadimos 4 a cada término de la sucesión anerior obteniendo lo siguiente: 4, 7, 10, 16, 28, 52, 100,... De nuevo siguiendo la fórmula, nos toca dividir por 10 para obtener esta nueva sucesión: 0,4 - 0,7 - 1,0 - 1,6 - 2,8 - 5,2 - 10,0... Y aquí está la clave, como se puede observar facilmente, según el resultado de esta fórmula, un planeta dista del Sol casi el doble que el anterior.

Pero había un problema para que se cumpliera este esquema. Que debería haber habido un planeta situado entre las órbitas de Marte y Júpiter, a casi el doble de la distancia de Marte al Sol. Sin embargo allí no había nada, al menos aparentemente. Al principio se pensó en un planeta cuya superficie fuese muy oscura, aunque más tarde se comenzó a fraguar la idea de que debería haber un planeta que fuera muy pequeño para poder observarse. Por este motivo, todos dieron saltos de alegría cuando el monje astrónomo siciliano Giuseppe Piazzi, director fundador del Observatorio Astronómico de Palermo, descubrió, en la fría madrugada del 1 de enero de 1801 ese objeto tan codiciado. Se trataba de un diminuto planeta de 975 por 909 km al que se le puso el nombre de Ceres (muchos años más tarde, en 2006, pasaría de ser considerado un asteroide a entrar en la categoría de planeta enano).

Un año después, en 1802, otro astrónomo alemán llamado Olbers, que había colaborado con Piazzi en la búsqueda del planeta desconocido, descubrió un segundo cuerpo a casi la misma distancia del Sol que Ceres. En años sucesivos se fueron descubriendo multitud de ellos, continuando la fiebre descubridora hasta nuestros días. Se calcula que pueden existir millones de ellos en esta órbita. Existen asteroides de varios cientos de km de diámetro (Ceres, Pallas, Vesta, Juno, Hebe) que se pueden ser observados incluso con prismáticos en condiciones ideales, pasando por otros del tamaño de montañas para llegar finalmente a rocas o meros guijarros.

La mayoría de los asteroides que se hallan en nuestro Sistema Solar, poseen órbitas bastante estables entre Marte y Júpiter (la predicha por la Ley de Titius-Bode), pero algunos son desviados a órbitas que cruzan las de los planetas mayores.

Cómo se explica que en el lugar donde debería haber un planeta se encuentra un enjambre de asteroides y planetas enanos? Se piensa que tal vez son los cimientos de un planeta que no llego a constituirse en una masa única y coherente que formara un planeta debido a las perturbaciones gravitacionales de Júpiter. De hecho, muchos asteroides de este cinturón han sido captados por el campo gravitatorio joviano y circulan por su misma órbita denominándose asteroides troyanos.

Para una mejor comprensión veamos la tabla de Titius-Bode:

Comparativa de las distancias de los planetas al Sol con la predicha por la Ley de Titius-Bode
Objeto Distancia al Sol (U. A.) Distancia al Sol según Titius-Bode
Mercurio 0,39 0,40
Venus 0,72 0,70
La Tierra 1,00 1,00
Marte 1,52 1,60
Cinturón de asteroides 2,65 2,80
Júpiter 5,20 5,20
Saturno 9,54 10,00
Urano 19,19 19,60
Neptuno 30,07 38,80
Plutón 39,52 77,20

En el resto del Sistema Solar también encontramos asteroides en menor medida pero chocando entre sí y cayendo con frecuencia sobre otros cuerpos más pesados, y que tienen, por tanto, mayor capacidad de atracción gravitacional. Mercurio, la Luna, Marte e incluso La Tierra muestran cicatrices por la caída de estos cuerpos sobre su superficie. La Tierra, al poseer atmósfera, está mejor defendida y, aunque muchos se desintegran al pasar a través de esta capa protectora, bien es cierto que otros por su mayor tamaño consiguen contactar catastróficamente con la superficie causando, a lo largo de la historia de nuestro planeta, auténticas catástrofes, como fue la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años.

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