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La Luna, satélite natural de La Tierra.

La Luna

La Tierra comparada con su satélite La Luna

La proporción entre La Tierra (con sus 6.378 km de radio) y la Luna (1.736 km de radio) es la más pequeña del Sistema Solar después de la de Plutón y su satélite, considerado como un planeta doble. Tanto es así que algunos astrónomos, asímismo, consideran el sistema Tierra-Luna no como el de un planeta y su satélite, sino como el de un planeta doble.

Cuando Galileo observó en 1610 a través de su telescopio por primera vez la Luna, pudo distinguir claramente dos regiones superficiales bien diferenciadas, algo que a simple vista es bastante notorio. A las regiones oscuras, que son planicies de superficie uniforme con pocos cráteres, las denominó "mares". El resto de la superficie lunar es más clara y brillante, y se corresponde con regiones más elevadas y tienen una alta densidad de cráteres. También pudo observar acantilados, cordilleras, profundos valles, cráteres y formaciones circulares amuralladas que reciben el nombre de circos de hasta 200 km de diámetro.

Gracias a la exploración espacial y a la llegada del hombre a nuestro satélite y por las muestras de material lunar allí recogidas, se descubrió que su composición era similar a la de la superficie de nuestro planeta, aunque jamás había albergado vida. Por ello se supuso que su origen debería ser el mismo que el terrestre e incluso tener su origen en los remotos inicios de la propia Tierra. Se descartó, por ser la Luna un cuerpo tan grande en relación con La Tierra, que pudiese haber sido capturado. Asimismo resultaba poco convincente su formación paralela en el tiempo a la de la Tierra. De modo que la explicación de su posible génesis fue que se originó a partir de los restos que quedaron tras una colisión de proporciones cataclísmicas con un planeta en formación de un tamaño parecido al de Marte en los remotos inicios del Sistema Solar. Con esta teoría también se explica el porqué de la gran inclinación del eje de rotación terrestre (23,5 en la actualidad). La enorme energía producida en el choque fundió literalmente la corteza terrestre y arrojó gran cantidad de restos incandescentes al espacio que quedaron atrapados por la fuerza de gravedad de La Tierra formándose un anillo de rocas alrededor de nuestro planeta hasta que, por acreción, se formó la Luna. Nuestro satélite orbitaba la Tierra inicialmente mucho más cerca que en la actualidad y la duración del día terrestre era mucho más corta al rotar La Tierra más deprisa. Durante cientos de millones de años, la Luna se ha estado alejándo de la Tierra, a la vez que, siguiendo las leyes universales de la física, ha disminuido la velocidad de rotación terrestre debido a la transferencia de momento angular que se da entre los dos objetos. El proceso de alejamiento continúa actualmente a razón de 38 mm por año.

Hace entre 4.000 y 3.800 millones de años la Luna y los otros cuerpos del Sistema Solar interior se vieron sometidos a violentos impactos de grandes asteroides, auténticos despojos de la formación del Sistema Solar, dando lugar a la mayoría de los cráteres que podemos observar en la Luna.

La Luna tarda 27,3 días en recorrer su órbita, exactamente el mismo período que tarda en dar una vuelta completa sobre su eje, por tanto mantiene lo que se denomina una rotación síncrona. Esto ocurre porque poco a poco la acción gravitatoria de la Tierra fue frenando la rotación de la Luna, hasta detenerla completamente y quedar una de sus caras permanentemente dirigida hacia nuestro planeta, de ahí que desde la Tierra siempre observemos la misma cara de la Luna.

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