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Marte, el encendido de los cielos.                         Calculadora

Marte

La Tierra comparada con Marte En orden es el cuarto planeta desde el Sol y el último de los denominados rocosos. Conocido desde la antigüedad como el planeta rojo por sus tonos rosados, los romanos lo identificaban con la sangre y le pusieron el nombre de su dios de la guerra: Marte. Los griegos también le llamaron como a su dios guerrero: Ares.

El planeta se ha revelado como un gélido desierto poseedor de una fina atmósfera.

La atmósfera de Marte es muy tenue con una presión superficial de sólo 7 a 9 hPa frente a los 1033 hPa de la terrestre, lo que representa menos de la centésima parte de la que tenemos en nuestro oasis terrestre. La presión atmosférica varía considerablemente con la altitud, desde casi 9 hPa en las depresiones más profundas, hasta 1 hPa en la cima del Olympus Mons. Su composición es fundamentalmente: dióxido de carbono (95,3%) con un 2,7% de nitrógeno, 1,6% de argón y trazas de oxígeno molecular (0,15%) monóxido de carbono (0,07%) y vapor de agua (0,03%). La atmósfera es lo bastante densa como para albergar vientos muy fuertes y grandes tormentas de polvo que, en ocasiones, pueden abarcar el planeta entero durante meses. Este viento es el responsable de la existencia de dunas de arena en los desiertos marcianos. La bóveda celeste marciana se presenta tintada de un suave color rosa salmón debido a la dispersión de la luz por los finísimos granos de polvo procedentes de su superficie con alto contenido de hierro. Al contrario que en la Tierra aquí ninguna capa de ozono bloquea la radiación ultravioleta.

También existen nubes pero en mucha menor cantidad que en la Tierra y en las latitudes polares, la condensación del anhídrido carbónico forma nubes de cristales de nieve carbónica y de vapor de agua. La débil atmósfera marciana produce un efecto invernadero que aumenta la temperatura superficial unos 5 grados; mucho menos que lo observado en Venus y en la Tierra.

Los estudios confirman que Marte tuvo una atmósfera mucho más compacta, con nubes y precipitaciones que formaban rios y mares. Sobre la superficie han quedado sus huellas y se pueden observar facilmente surcos, islas, gargantas, cauces y costas. El valle Marineris, es uno de los accidentes geográficos más importantes del planeta y de todo el Sistema Solar. Una inmensa cicatriz de 4.000 km, situada cerca de su ecuador y alineada de este a oeste, se extiende a lo largo de 1/3 de su superficie dejando pequeño a nuestro cañón del Colorado. Su estudio revela que en realidad se trata de un conjunto de valles y cañones más o menos paralelos, algunos perpendiculares y otras regiones difíciles de interpretar. Su anchura llega a los 700 km. En algunos puntos la altura de sus paredes alcanza los 10 km.

Antes de la exploración espacial, se pensaba que podía haber vida en Marte. Los astrónomos creyeron ver líneas rectas que atravesaban su superficie. Esto condujo a la creencia popular de que algún tipo de inteligencia había construido un sistema de canales de irrigación. Las observaciones actuales demuestran que aparentemente no existe vida, aunque podría haberla habido en el pasado o incluso existir actualmente bajo forma bacteriana o similar a pesar de que su suelo es seco y oxidante, y reciba del Sol demasiados rayos ultravioletas.

En los momentos en que se encuentra más cerca de la Tierra, a unos 55 millones de kilómetros, Marte es, después de Venus, el objeto más brillante en el cielo nocturno. El tono rojizo de su superficie se debe a la oxidación o corrosión. Las zonas oscuras están formadas por rocas similares al basalto terrestre, cuya superficie se ha erosionado y oxidado. Las regiones más brillantes parecen estar compuestas por material similar, pero contienendo partículas bastante más finas, como el polvo.

Como consecuencia de la inclinación de su eje y la excentricidad de su órbita, los veranos son cortos y calurosos y los inviernos largos y fríos. Enormes casquetes brillantes, en apariencia formados por dióxido de carbono helado, señalan las regiones polares del planeta. Se ha seguido el ciclo estacional de Marte durante casi dos siglos. En el otoño marciano se forman nubes brillantes sobre el polo correspondiente. Una fina capa de dióxido de carbono se deposita sobre el casquete polar durante el otoño y el invierno, al final del cual el casquete polar puede descender a latitudes de 45°. En primavera y al final del largo invierno polar, el casquete que alcanzó latitudes medias se va deshaciendo hasta llegar a mostrar un pequeño casquete helado permanente. Además de las nubes de dióxido de carbono helado, en el planeta hay otros tipos de nubes. Se observan neblinas y nubes de hielo a gran altitud. Estas últimas son el resultado del enfriamiento asociado con las masas de aire que se alzan por encima de obstáculos elevados. Durante los veranos del sur son especialmente notables extensas nubes amarillas compuestas de finísimo polvo levantado por los vientos.

Se piensa que su interior cuenta con un núcleo de unos 1.700 km de radio, un manto similar al terrestre y una corteza de unos 35 a 70 km de espesor.

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