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Vida y muerte de las estrellas.

Evolución de una estrella. Las estrellas se generan a partir de enormes nubes de gas interestelar, que se ha agrupado por atracción gravitatoria. Estas nubes se llaman nebulosas. Muy lentamente la nebulosa se va concentrando y adquiriendo más masa. Asimismo se va calentando, debido a la gravedad, hasta que la temperatura en su interior es lo suficientemente elevada como para que se generen reacciones nucleares comenzando el proceso de transformación de hidrógeno en helio.

Desde que se origina, una estrella está transformando su hidrógeno en helio y, éste a su vez, en otros elementos más pesados (carbono, nitrógeno, etc.). Estas reacciones nucleares son las que liberan una gran cantidad de energía en forma de calor y luz que lanzan al espacio. Así continuamente hasta que agotan todo el combustible.

En el transcurso de su vida, millones o miles de millones de años, las estrellas van consumiendo su combustible nuclear. Sabemos que nuestro Sol, una estrella mediana, vivirá unos 10.000 millones de años y que actualmente se encuentra en la mitad del ciclo vital. Existen otras estrellas mucho más masivas y que tardan mucho menos tiempo en agotar su combustible, es decir, su vida es mucho más corta.

Cuando las estrellas agotan su combustible, dependiendo de su origen, sufren distintas transformaciones. Es decir, su destino final depende de la masa y de la composición química inicial de la nebulosa de partida.

Las estrellas suelen tener tres finales distintos:

Las estrellas poco masivas, como el Sol, se hinchan hasta transformarse en una gigante roja. Luego van expulsando las capas externas, formando una nebulosa planetaria y se van enfríando poco a poco, hasta que se covierten en enanas blancas. En la fase de gigante roja pasa menos tiempo que en su fase tranquila. Por esta razón hay menos gigantes rojas que estrellas de tipo solar.

Las estrellas más masivas suelen expulsar sus capas exteriores violentamente, dando lugar a una supernova. Mientras dura la explosión de la supernova el brillo es superior a todas las demás estrellas de su galaxia juntas. Tras la explosión, sólo "sobrevive" el núcleo de la estrella y forma una estrella de neutrones, con tan sólo unas decenas de kilómetros de diámetro pero de una densidad enorme (tanto que una estrella de neutrones podría tener la masa del Sol pero con tan sólo 40 ó 50 km de diámetro).

En el caso de que la estrella fuese supermasiva, su núcleo, tras la explosión, podría convertirse en un agujero negro, una estrella tan densa, con una fuerza de gravedad tan grande, que ni la luz puede escapar de su atracción. Por eso, al no emitir luz y absorver toda la que le llega, se dice que es un agujero negro. Como un agujero negro, por definición, es imposible de ver, sólo se puede detectar su existencia por los fenómenos anómalos que provoca a su alrededor (movimientos extraños de objetos cercanos).